Lucas se echó a reir. No habia sido una carcajada, pero se había reído.
Era cierto que todo iba bien: él no sabía nada de nada. Aliviada, lo rodeé con mis brazos y lo estreché con fuerza. Lucas me devolvió el abrazo y por unos segundos nos quedamos así, entrelazados, y me permití fingir que nada había salido mal.
Su cabello brillaba como el oro a la luz del sol e inspiré su fragancia, esa que tanto me recordaba la del bosque que nos rodeaba. Saber que era mío me hacía sentir muy bien, y poder abrazarlo así, al aire libre, porque ahora él era mío, y yo era suya y, cada momento que nos tocábamos, el recuerdo de cuando lo besaba cobraba fuerza.
MÍO."
~Medianoche


No hay comentarios:
Publicar un comentario